María Cristina Gaete. Ese es el nombre de una psicóloga (que también vive en Providencia… ¿qué onda mis vecinos?) que decidió irse a dormir a la cárcel, antes de pagar una multa o deshacerse de sus gatas. No pude evitar relacionarla, guardando las proporciones del caso y de la ironía, con Eleanor Abernathy, la brillante médico de Harvard y abogada de Yale, también conocida como “La loca de los gatos”.
No quiero ofender a la señora Gaete. De hecho, considero muy loable su protesta ante la prohibición de tener mascotas en departamentos. Pero la relación entre la mujer y el personaje es evidente: ambas son profesionales; las dos tienen predilección por hacerse acompañar de felinos, ambas son mayores de 60, y… ambas están solas. Debe ser que la soledad nos conduce a humanizar entes, asignarles nombre, identidad, carácter y, en consecuencia, un rol protagónico en nuestras vidas. No pretendo con estas afirmaciones hacer psicología de mall, solo quiero convenir en una cosa: si bien los animales pueden tener un rol importante en nuestras vidas, no deben tener el rol protagónico.
Nótese que lo digo yo: una fan de su perro y de su gato. Lo importante, creo, es poner el límite entre el amor por el otro (la mascota, la pareja, la familia, el trabajo, etc.) y el amor propio. Me refiero ahora a esta necesidad que todos sentimos de amar a otro, ya sea una persona, un animal, una planta, un trabajo, un auto… en fin.
El rol protagónico debería tenerlo cada uno; es decir, nuestro propio bienestar, nuestra libertad (de acción y de pensamiento), nuestra dignidad. Pero cuando el amor por otro es más fuerte que el amor propio, ocurren cosas como irse presa, dejar que el otro nos ofenda o nos violente, arriesgar el bienestar económico por obtener o cuidar un bien material, arriesgar la salud por el trabajo (o los estudios), etc. No quiero decir con esto que uno deba vivir en un constante carpe diem placentero buscando la felicidad y la autosatisfacción. Planteo, en cambio, que es vital amarnos a nosotros mismos lo suficiente como para no abandonarnos ni olvidarnos en función de otro.
Como dicen por acá, I slightly differ… quizás sea por mi formación occidental-cristiana basada en la idea de sacrificio o porque el género femenino parece tener naturalmente tendencia a dejarse de lado en pro de otro (basta pensar en todo lo que implica ser madre), creo que el amor por el otro de alguna manera siempre pide sacrificio.
Otro detalle: hablando de locos por los animales, acá existen seguros médicos para las mascotas, algo así como si las isapres te permitieran poner como carga a tu mascota favorita. Quizás porque acá mucha gente está sola y solo tiene a su perrito amigo a su lado.